En aquel
entonces yo quería necesitarles, era lo unico que conocia, la unica manera de
sentir era sintiendo desesperadamente. Noche tras otra, un desfile de cuerpos
en mi cuerpo, de besos en mis besos. En aquellos días no existía eso de la
reafirmación de la autoestima, ni de las pendejadas de valorarse. Era toda una
bacanal, de deseos, de jugar a crear necesidades. Mientras tanto, como dice una
de esas canciones pendejas que andan por ahí modificada a mi propio gusto:
estaba en el invierno de mi vida, y las mujeres que conocí eran mi único
verano. Ahora, al despertarme en una nebulosa de recuerdos difusos y mirando al
techo, no puedo evitar preguntarme de donde viene esa levedad en la que me
encuentro. Como que si se filtrara un viento, por debajo de mi ventana, por una
rendija, me iría volando a cualquier sitio.
Mi cuerpo,
siempre presente, como en las misas de los muertos ‘de cuerpo presente’, aquí y
disponible para venerar cualquier alma encandilada, cualquier deseo, para hacer
realidad cualquier fantasía. Imagino que soy demasiado retorcida como para ser
la esposa ideal, me gusta la sangre, el fuego y creo que hay espíritus a mi
alrededor. Tampoco quiero, ser esta diosa,